Archivos Mensuales: junio 2011

Cocer y cantar: Tarta de zanahoria

Dª Teresa Galiana I “La grande” es todo un referente culinario en Callosa d’en Sarrià donde regenta la magnífica Fonda Galiana con una maestría soberbia, aunando tradición e incorporando innovación sobre un producto de mercado que siempre posee una elevada calidad. Recientemente tuve la oportunidad de comer allí ya que mis cuñados celebraron el bautizo de mi sobrino Iker (con K, como su tito) con una estupenda comida que finalizó con varios tipos de postre, y entre ellos, una petición que yo le había hecho y de la que guardaba una grato recuerdo: La tarta de zanahoria. Estaba realmente fabulosa, muy buena y sabrosa, sin embargo, la recordaba con un sabor mas pronunciado a mantequilla y hablándolo con Teresa, me comentó que me la había hecho por que soy un cansino (bueno, esto realmente nunca lo dijo 😛 ) pero que fue un poco al tuntún porque hacía mucho que no la hacía y no recordaba con exactitud los ingredientes.

Total, que por aquello de los retos, me propuse hacer yo esta tarta, porque si bien las zanahorias no me emocionan, lo mejor que tiene sin duda esta preparación es que el resultado final….. ¡¡no sabe para nada a zanahoria!! Pero si que tiene un color y vistosidad fenomenal. Además, me propuse hacerla “a la gornú”, es decir,  “como buenamente entendiera que debía de hacerse”, basándome en la receta mas clásica pero pasando de los protocolos establecidos y saltándomelos a la brava. Bueno, pues vamos a meternos en “harina” (nunca mejor dicho) y voy a contaros como fue el proceso empezando por los elementos que la componen.

Ingredientes:

3 zanahorias grandes

1 yogur Danone Griego y azucarado

3/4 de vaso de aceite de oliva

100 g de mantequilla al punto de pomada

1 vaso de azúcar

3 vasos de Harina de trigo

1 sobre levadura Royal

5 huevos frescos (o 4 si son grandes)

Los ingredientes para la masa del bizcocho

Lo primero que me gustaría deciros es que no debéis de obsesionaros con las cantidades y es mejor muchas veces ir probando a criterio personal  que ceñirse exactamente a lo que te dicen. Por poneros un ejemplo, la primera vez que hice el Coulant de Bras fui fiel a las cantidades que me daba la receta: Un desastre. La segunda vez ídem: Pues eso, desastre y medio. Al final, respetando el criterio de los ingredientes me decidí a hacerlo como creí que mas o menos podría salir y el resultado fue genial, así que como comento, no os obsesionéis si no sale como vosotros pensabais que debía de haber salido, terminará saliendo, palabrita 🙂

Para empezar lo que hice fue lavar pelar y picar muy finas las zanahorias con la picadora Ufesa (si eres pobre y lamentable como yo). Hubiera utilizado una Thermomix, pero al ser una persona sin glamour y estilo nulo me he tenido que conformar, es lo que hay.  El resultado fue una especie de pure-pasta que puse en un recipiente y al mismo le añadí el resto de los ingredientes: El yogur griego, el aceite de oliva, la mantequilla en pomada,  la levadura, los huevos, el azúcar y la harina mezclandolo todo muy muy bien procurando que el resultado fuera una masa típica de bizcocho tirando a líquida- semiespesa que dejé reposar en la nevera una par de horitas mas o menos en la parte menos fría de la misma (suele ser la zona baja, la cercana al cajón de la verdura) y tapada con una lámina film para que no coja ningún tipo de sabor externo.

Zanahorias tras pasar por la “superpicadora”

Textura tras mezclar todos los ingredientes

Pasado ese tiempo, saqué la masa de la nevera para atemperarla y un ratito antes, precalenté el horno para ir adelantando faena, la puse en un molde redondo untado con un poquito de mantequilla para facilitar el desmoldado, y la introduje en el horno, a media altura, a 180º en, importante, posición AIRE + INFERIOR durante  60/70 minutos (pero esto será a vuestro criterio) Comentaros 3 cositas importantes: La primera, que me da mucha rabia, es que cuando a veces leo por ahí recetas, cuando hablan del tema del horno, siempre el dato es algo como “al horno a 200º unos 20 minutos”. Esto personalmente a mi me fastidia mucho porque los hornos tienen bastantes posiciones que nunca se especifican y varían MUCHÍSIMO el resultado final. El mío es un horno Bosh con carro extraible de unos 5 años que tiene por ejemplo: Calor Superior, Calor superior e inferior, doble calor superior y simple inferior, aire, aire + grill, etc… así que con este panorama es de agradecer que se sea un poquito mas preciso en este detalle, no cuesta nada porque puedes pasar de una cocción correcta a un socarrat histórico en un pisplas. La segunda es que debemos desmoldar el bizcocho cuanto antes (luego veréis porqué) pero ¡cuidado! esperad a que se enfríe lo suficiente para no romper su forma y sobre todo, no quemaros y tercera: Id tanteando el bizcocho con el típico truco de introducirle un palito para ver si sale mojado y eso os da una pista de en que grado de cocción nos encontramos. En mi casa utilizamos una brocheta de pincho moruno que tenemos reservada para ese menester y a la que cariñosamente llamo “pinchitester” (ya lo sé, me falta un hervor o dos).

Incorporamos la masa al molde y ¡para el horno se ha dicho!…

…y este es el resultado final tras el horno ¡Huele que alimenta!

Para el relleno y cobertura:

1 tarrina de crema de queso San Millán (200 g aprox). Vale cualquier otro, pero para mi, en cremas de queso esta es la mejor conseguida y sabrosa.

30 g de azúcar avainillado pulverizado (glass).

30 g de azúcar glass.

1 vasito de chupito de nata de montar o de cocina al 22-24% MG.

1 vasito pequeño de leche evaporada Ideal.

2 vasitos de chupito que contengan 1/3 de zumo de naranja y el restante de limón.

4/5 gotas de aroma de vainilla (Dr. Oetker o similar y si no se encuentra, un poquito de ralladura de naranja).

Ingredientes para la cobertura y el relleno

Una vez tenemos hecho el bizcocho y mientras este se enfriaba, me puse manos a la obra con el relleno y cobertura. Hice una mezcla con el queso, con el azúcar normal y la avainillada, uno de los chupitos de zumo de naranja-limón, la leche evaporada y unas gotitas de aroma de vainilla hasta que se quedó una textura muy cremosa tirando a líquida.

Textura tras la mezcolanza de ingredientes

Una vez el bizcocho se atemperó y con el relleno preparado, partí por la mitad el bizcocho y con un pincel y el resto de zumo, “emborraché” las dos caras internas para ayudar al contraste de sabores y de texturas.

Dividimos el bizcocho en 2 mitades…¡menudo colorido!

Con la ayuda de un pincel, mojamos las 2 caras del bizcocho con el zumo

Una vez “borrachos todos los lados” y el cocinero también (Heinekens mediante jeje) pasé a extender el relleno a base de crema, procurando dejar mas cantidad en el centro ya que cuando unes las 2 partes, por puro peso, esta se reparte mientras reposa de nuevo en la nevera, cosas de la Gravedad Newtoniana.

Rellenado la parte central de la tarta con el preparado de crema

Unimos las dos capas de bizcocho una vez rellenado el interior

Después de rellenar el interior lo que hice fue volver a ponerla dentro del molde para darle toda la sujeción posible y cubrir con crema la parte superior. No tiene por qué hacerse así, pero yo he pensado que era la mejor forma de conseguir que la forma aguantara y que de paso se refrescara en la nevera.

Una vez hemos añadido la cobertura vuelve al frigo.

Bien, si tenéis la paciencia y la fuerza de voluntad de poder esperar entre 2 o 3 horitas a que coja cuerpo en la nevera y a que la crema se endurezca , el resultado que os encontraréis será el siguiente:

Tras el paso por el frigorífico, este es el resultado

Y la servimos como queramos, en este caso, yo he puesto una porción en un platito cuadrado y he decorado con una tira de zanahoria, que le he quitado a la hora de comérmela porque contradictoriamente y como he dicho al principio, la zanahoria no me gusta especialmente, pero comprobaréis con asombro si llegáis a hacerla como no tiene ni el más mínimo rastro del sabor de la zanahoria y por contra, os sorprende mucho el resultado.

¡Que pinta! Esta mal que yo lo diga pero… ¡Que rica! 🙂

Conclusiones con ánimo de mejora:

A ver, la tarta está buena y el resultado creo que es interesante, sin embargo y siempre con ánimo de mejorar la misma creo que debería rectificar algunas cosas como:

  • Hay que hacer mas zumo para que la tarta quede aún más jugosa. Yo tenía miedo de pasarme y me he quedado corto.
  • El resultado es dulce, pero no creo que moleste algo más de azúcar por lo que pondré 1 vaso y 1/2 de azúcar para la siguiente.
  • El equilibrio aceite-mantequilla ha quedado en empate neutro de sabor y yo creo que esta tarta tiene que tener un trazas de sabor claramente marcado y condicionado por la mantequilla por lo que en la próxima ocasión bajaré la proporción de aceite e incrementaré la de la mantequilla (lástima no estar en León para poder adquirirla de calidad en alguna mantequería y no el simulacro que venden en Mercadona).

Bueno, como os he comentado, son sugerencias e ideas y aquí cada cual es libre de hacerla como quiera, lo importante es que os guste el resultado y que la disfrutéis y por supuesto compartáis! Bon Appetit muchachada!!

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¿Diseño o Clientes? El caso Open Wok.

Llevo días dándole vueltas al tema, de verdad, y son bastantes y variopintas las explicaciones que se me ocurren, todas conjeturas mías por supuesto. Resulta que no hace demasiado tiempo, y ubicado en una de las principales vías y arteria de Benidorm, la Avda. Alfonso Puchades, cerraron un negocio Opencor y se apostó por la apertura de un restaurante estilo wok, pero de una forma más original y con una clara vocación de diseño moderno que rompiera las ideas preestablecidas, para ello encargaron el trabajo a Estudio Code, un estudio de diseño en interiorismo de Benidorm que tiene un porfolio de trabajos bastante interesante. El resultado, Open Wok, que como vereis  por las fotos, cumple con las expectativas fijadas inicialmente y rompe con la idea de lo que vemos a diario que es un wok (la gran mayoría, restaurantes chinos modificados y readaptados a esta moda actual de “”comida sana y natural””, que habría que entrecomillar muy mucho y creo que merece un post aparte) e incluso, podría postularse como un negocio franquiciado con vistas de crecimiento. Según comentan en su web, “este nuevo establecimiento pretende transformar el concepto de gastronomía asiática, conocido hasta el momento. Introduciendo productos de calidad, y tradicionales de gastronomía Asiática, y EspañolaSabor, aroma y calidad se aúnan para el placer de los paladares más exquisitos “.

En fin, todo estaba muy bien y según he oido (yo no he llegado a comer allí), la experiencia gastronómica no resulta mala y aunque de precio sea quizás un pelín mas elevada que comiendo en un “wok al uso”, esta no es cara y vaya, uno está en un ambiente distinto y desde luego muy trabajado.

Pues bien, dicho todo esto yo os pregunto… ¿¿que ha podido ocurrir con este local (concepto) para que derrepente le haya aparecido en la fachada esto que veis en la foto??

Efectivamente, le han aparecido en la fachada las clásica y voluminosas letras de los restaurantes orientales al uso, que indican claramente a que se dedica el establecimiento de forma bastante estridente y que sin duda, se cargan de un plumazo cualquier intento de cambiar las cosas a través de la apuesta de diseño anteriormente comentada. Yo os pregunto… ¿Porqué se llega a este extremo?

Algunas respuestas a bote pronto:

  1. El diseño está muy bien, original y rompedor para este tipo de restaurante, pero por si mismo, no cumple con el objetivo de atraes clientes.
  2. Un restaurante vive de las visitas que recibe y es posible que, comparado con otros “woks”, el volúmen de clientes que recibe el OpenWok no sea el esperado.
  3. Si esto fuera así, los responsables han terminado sucumbiendo a la tentación de poner letras gigantescas en la fachada para que la gente sepa que, en el fondo, el local es un WOK y no otra cosa que desde fuera no aparentaba.
  4. Y es precisamente el punto 3 el que me lleva a la conclusión más peligrosa porque entonces… ¿Ha cumplido el diseño del local con el objetivo que se le presuponía? Es decir, a parte de hacer agradable el sitio, hacerlo atractivo para los comensales y potenciales clientes que pasan por delante.

¡Ojo! No entro en la parte marketiniana del asunto que sin duda la tiene y serán varias la voces que se eleven con las clásicas proclamas sobre si la promoción, difusión, campañas, etc… que se han realizado sobre el negocio han sido las suficientes y las correctas. Dejo este aspecto al margen y me centro en lo que he intentado transmitiros, que básicamente viene a ser el poner sobre la mesa la motivaciones que pueden ir detras de terminar “muriendo” en una solución típica cuando desde inicio, tu apuesta había sido importante, contracorriente y bajo mi punto de vista, rompedora e innovadora en un sector tan cerrado y tematizado con el de los restaurantes chinos.

 

Los superhéroes mas penosos del universo…

La Comic-Con International de San Diego, también conocida como Comic-Con es una convención anual de aficionados a los cómics y profesionales del sector que se celebra anualmente en el Centro de Convenciones de San Diego, California. Este evento dura 4 días y se realiza desde el verano desde 1970 y además de exponer material de cómics también se pueden ver adelantos de películas, videojuegos y juguetes basados en ellos.

En este sarao de proporciones épicas también es un clásico que los visitantes vayan carácterizados o disfrazados como sus personajes favoritos, pero claro, se puede encontrar de todo: Desde los que son fieles y se curran unos trajes absolutamente espectaculares, o como en el caso que nos ocupa hoy, los que salen de casa con lo primero que pillan y claro, el resultado luego es el que es. Os dejo con la siguiente galería que es un ranking de los 9 disfraces mas tristes que se han podido ver en la edición 2011 de la feria… (no os riáis muy alto) jejeje….

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