Restaurante MORA en Guadalest

Me da la impresión que la mayoría de veces que pensamos en ‘la montaña de Alicante’ como destino gastronómico de fin de semana, lo hacemos con la idea preconcebida de probar la tradicional y rica gastronomía de nuestras alturas, dígase olleta, gazpachos, carnes a la brasa, embutidos, mintxos, figatells… los cuales son deliciosos y patrimonio de los alicantinos, pero me vais a permitir que os narre como fui sorprendido gratamente por mi esposa cuando me propuso ir al Restaurante Mora de Guadalest donde no encontré nada de lo que os he mencionado, pero sí otro tipo de propuesta también digna de ser relatada  tanto por su precio como por su calidad.

El Mora es un restaurante ubicado en el mismo pueblo de Guadalest, un municipio totalmente turístico y esto junto a la idea preconcebida de la comida clásica de la montaña seguramente nos lleve a engaño y no, nada que ver. Es un sitio que tenemos cercano a casa y el pasado noviembre decidimos visitarlo pues teníamos buenas referencias (que luego se materializaron en una impresionante realidad). Este establecimiento dispone de tres zonas claramente diferenciadas: Por un lado, una amplia terraza que está junto al paseo que da acceso al famosísimo Castell de Guadalest,  ya en el interior, un coqueto patio de luz cubierto y como estancia oficial, el restaurante propiamente dicho, con una decoración tradicional muy acertada.

Carta, Restaurante, detalle vinos y copas

Me gustaría destacar la capacidad de atención y servicio de la casa: Espectacular. La amabilidad de Vanesa y Raquel en sala son sublimes y Javi en la cocina hace verdadera magia. Nosotros fuimos a comer con nuestro hijo de dos añitos y desde que entramos por la puerta se deshicieron en detalles con nosotros, como el situarnos al lado de una ventana donde entraba una luz de otoño preciosa, situar al niño en una trona junto a nosotros, facilitarle entretenimientos como colores y plantillas para que pintara, alguna que otra piruleta… en fin, guiños constantes que le hacen a uno sentir muy bien y eso que se acaba de sentar en la silla.  

En lo concerniente a lo propiamente gastronómico, a mi me ganaron desde el minuto uno ya que la carta tiene un diseño fascinante, y yo, que soy muy fan de Los Planetas, me recordaba inevitablemente a la portada pop de alguno de sus discos, por lo que ya se estableció una química absoluta.  A parte de pedir platos de la carta, la oferta de esta casa es amplia y para todos los bolsillos, pues tienen menús que si no recuerdo mal se sitúan desde los 10€ aprox. hasta el que pedimos nosotros porque tenía una pinta excepcional: Degustación x 22€ (bebida aparte) compuesto de 6 platos (2 compartidos) + postre. El menú llevaba como plato final pescado y pregunté si habría posibilidad de sustituirlo por una carne, y con total amabilidad, no me pusieron ningún problema. Estas propuestas, para mí, ya son de nota si estás hablando de un municipio turístico donde ya sabéis que los precios se suelen disparar en detrimento del turista.  Tras preguntar, nos comentan que para el peque pueden hacerle cualquier cosa, pero que tienen unas hamburguesas caseras recién elaboradas con cebollita en el interior que seguro que le gustaban, y eso hicimos, le pedimos una acompañada de patatas. En nuestro caso, para maridar el menú degustación y tras ojear oportunamente la carta, pedimos una botella de Carramimbre Roble, mas que nada porque es un vino que nos encanta y que guarda una relación calidad-precio absolutamente brutal. Este es un ribera del Duero muy sabroso, cargado de frutos rojos y que deja un postgusto exquisito. Sinceramente, en la carta donde coincide que está, lo pido. De todas formas y si este vino no hubiera estado, el Mora guarda un comodín importante en su carta y lo podréis apreciar en una de las fotos: Presenta un mapa de la Comunitat Valenciana donde sitúa los vinos de la tierra que se pueden elegir. Un hecho para aplaudir y que ayuda a promocionar el producto local y mas en un pueblo tan turístico como en el que ellos están. Bravo.

Hamburguesa, Ensalada, Chupachups y Crepe

Nuestro festín empezó con la hamburguesa del peque y una ensalada templada con fresas y lascas de parmesano. La burguer del peque (la pude probar porque come lo justo y necesario) estaba extraordinaria. Carne de buena calidad y un sabor buenísimo. En cuanto la ensalada, resultó un plato de un tamaño notable, donde en una selección de lechugas gourmet se acompañaban lascas de queso parmesano que combinaban a su vez con fresas doradas a la sartén con mantequilla y confitura de las mismas fresas. ¡Qué rica! Un contraste dulce-salado que nos encantó.

Seguidamente llegaron a mesa unos chupa-chups de codorniz con salsa casera barbacoa con avellanas. Nuevo plato generoso (la foto tiene zoom y se ven cuatro, pero eran 6 los muslitos) y nuevo éxito en el paladar. Carne que se deslizaba delicadamente del hueso,  piel tostada en el punto, bocado crocante con carne jugosa y una salsa que, efectivamente, presumía de poseer las trazas y recuerdos gustativos de la barbacoa y por otro, tenía patente el sabor de la avellana y el tueste del fruto seco. Sublime.

Los platos siguientes que nos fueron sirviendo ya entraban en modo individual y el que apareció en mesa fue un nido de pasta kataifi con crema de setas y huevo poché. Leo mucho últimamente el ‘cansancio’ que a algunos críticos y gourmets profesionales les supone seguir viendo en carta huevos a baja temperatura, pochés, confitados o como los queráis denominar, tratándolos como algo ‘demodé’. Yo, que lo único que soy es un gordo que disfruta comiendo, lo que si les puedo decir es que bajo mi humilde punto de vista, son platos que no deberían desaparecer jamás, que son (literalmente) de ‘toma pan y moja’, tremendamente eficaces  y que es un placer indescriptible (como fue el caso de esta propuesta) crear una mezcolanza con las setas, la pasta del nido, romper el huevo y llevárselo todo a la boca: Una golosina para los sentidos. Melosidad, ligereza, livianos crujidos, esponjosidad… todo un mundo de sensaciones cargadas de sabor, poco mas puedo añadir.

Huevo, Ravioli, Solomillo y Merluza

Tras el huevo llego un crepe de gambas y bogavante con salsa ligera de tomillo: Riquísimo. Tamaño generoso (nuevamente), una salsa, efectivamente ligera (y no podría ser de otro modo ya que el tomillo se comería los sabores primarios del plato) y un crep de pasta con un grosor no excesivo y acertado y un relleno marino efectista y sabrosón. Muy rico.

A estas alturas comentar que, aunque pareciera que no, uno ya se iba llenando y afrontábamos la recta final del menú con cierto escepticismo, que por cierto, pronto fue diluido entre nuevos manjares, como por ejemplo, el que siguió denominado Ravioli de cordero en su jugo: Memorable. Un plato ejecutado y presentado a la perfección. Temperaturas optimas, la pasta ídem, un relleno ejemplar de cordero al horno deshuesado y desmigado y una salsa nacarada de la reducción de su propio jugo sensacional, una gozada de plato que resumía en su esencia  y sabor, todo lo que puede dar de sí una tradicional pieza de cordero al horno.

Tras el ravioli, aparecieron en mesa dos refrescantes y necesarios sorbetes que, la verdad sea dicha, lo primero que me evocaron fue a manzana verde, pero no, error, porque al preguntar, nos comentaron que estaban elaborados con cactus y lima. Que original y que sabor mas delicioso, riquísimo.

Y llegaron los últimos platos del menú degustación en forma de pescado, para mi esposa y de carne, para servidor. Del mar pusieron una merluza con salsa de vainilla y pimienta rosa. Comentar que de este plato solo probé la salsita por aquello de la curiosidad en sus ingredientes. He de decir que estaba muy acertada y que al igual que la de tomillo, tenía un evidente sabor y gusto a vainilla pero que no era excesivo. Mi mujer comentó que el plato estaba exquisito. Por mi parte, fui obsequiado con un tiernísimo solomillo que venía con cristales de maldón y una reducción de salsa española y una tira de salsa agridulce casera. La carne extraordinaria, mantequilla  y además comentar que la pedí ‘poco hecha’ y así me la sirvieron, con el punto que yo quería (parece una tontería pero esto de que te acierten el punto es casi una lotería). Buena materia prima otra vez.

Sorbete, Postres, Infusiones y Ticket

Entre las cañitas, el vino, el festival y mi hijo con la lengua azul de una piruleta que le habían regalado estábamos medio desubicados cuando Vanesa nos recordó que faltaba el postre, y que si queríamos, acababan de hacer una tarta de chocolate blanco y que podíamos probarla y así la compartíamos también con la que entraba en el menú. Por mi parte, fue oír la palabra “chocolate blanco” y poner la antena a sintonizar el dial “Esa tarta ya FM”. Dicho y hecho: A la mesa llegó una porción de tarta de queso al horno con mermelada de mango (la del menú): Buenísima y distinta ya que se elabora con calor y no en nevera. Sabor poderoso a queso y la confitura de mango ejerciendo de perfecto escudero. También un cubilete con un poco de helado de violetas, buenísimo y con la capacidad de transportarte a tu infancia, sentado en el rellano de la calle con un paquete de Chimos en la mano, una cucharita con unos originales petazetas rebozados con chocolate (una idea divertidísima) y una porción de la que sin ningún tipo de complejo puedo decir que fue, sin menor lugar a dudas, el mejor postre de chocolate blanco que he probado en mi vida, así de contundente lo afirmo. Os juro por mi madre que cada cucharada de ese manjar equivalía a cerrar los ojos, flotar en una cama de plumón, sentir una cálida brisa en el rostro y dejarse invadir por el dulzor y la cremosidad de esa maravilla, nada empalagosa por cierto. De hecho, era tan poderoso el sabor a chocolate blanco que daba la sensación de que la concentración de tal materia por centímetro cuadrado desafiaba las leyes universales de la química y de la pastelería y que en semejante ambrosía habían empleado todas las reservas de América Central. No puedo describirlo de otra manera: Una auténtica gozada y la base y cúpula de galleta desmigada complementaron a la perfección. 

La verdad, después de esto, solo nos cabía una manzanilla, más por prevención digestiva que por hacer sobremesa, pues este menú nos había dejado al borde del K.O. técnico. La nota de esta comida, IVA incluido, fue de 62,50€ como podéis ver en el ticket. Se puede observar que tanto el sorbete como la infusión, fueron detalle de la casa. Si os fijáis también, el precio del vino es sorprendentemente bueno. Así si que se puede salir a comer fuera de casa y como he dicho al principio de este post, creo que la relación de calidad-precio es de las mejores que recuerde. Como pregunta final me hago la reflexión sobre que hubiera costado comer o cenar de esta forma hace unos años cuando todos éramos ‘ricos’ y los restaurantes y clientes jugábamos en ‘otras ligas’.

Página facebook del Restaurante pulsando AQUÍ.

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Publicado el 9 diciembre, 2014 en VISITE NUESTRO BAR y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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