Archivo del Autor: Oskar García
Me han criticado en Internet… Y ahora ¿qué hago? | ElSumiller.com junio 2015
Bueno, esta es otra de esas preguntas del millón que alguna vez nos hacemos. En cualquier caso y antes de meternos en harina, es obligatorio que hagamos una matización importante y definamos exactamente lo que se entiende por “crítica”. Si nos vamos a una definición académica, podremos comprobar que la primera acepción es la de “acción de criticar”, lo cual, es bastante evidente. Pero lo interesante viene en la segunda definición ya que una crítica también es un “Conjunto de opiniones o juicios que responden a un análisis y que pueden resultar positivos o negativos”, y es aquí a donde quería yo llegar porque por cultura popular o simplemente, en nuestro modo de vida que viene con una predisposición preventiva, la palabra crítica o el verbo criticar siempre va inicialmente asociado a algo negativo y nos equivocamos.
Sí, y lo hacemos porque si bien es evidente que a todos nos encanta que nos toquen la espalda y nos recuerden constantemente lo guapos, simpáticos y majos que somos, y si estamos hablando de gastronomía/hostelería, lo bien que se come en nuestro restaurante, lo eficiente que es el personal de sala y lo megacrack que es nuestro jefe de cocina. Genial. Pero esto no siempre puede ser así, de hecho, casi os diré que es bueno que de vez en cuando (si la tónica de las críticas que recibimos va por esta línea) alguien nos recuerde siempre hay aspectos a mejorar, innovar y que no es bueno conformarse y dormirse en los laureles porque aunque no queramos verlo venir, tempus fugit (el tiempo se nos escurre de las manos) las jornadas de trabajo transcurren deprisa y la conformidad y comodidad del que se cree incriticable puede ser nefasta para su negocio. Es decir, tan importantes son las críticas negativas como también las positivas porque ambas representan una retroalimentación o feedback impagable (literalmente porque además, no pagamos por recibirlo como si hubiéramos encargado un estudio de mercado, y la mayoría de las veces esto no se valora tampoco). Vamos a ver unos ejemplos, pero importante: Siempre bajo el contexto de críticas realizadas con un mínimo fundamento, respeto y educación. Las otras, hay que analizarlas bajo un prisma distinto.
¿Críticas positivas? Estupendo: Pondremos atención en lo que se destaque que estamos haciendo bien pero pondremos aún mas atención es observar que es lo que no se cita para intentar también mejorarlo: “Un menú algo caro pero estupendo y equilibrado donde destacaría la carne por encima del resto” ¿Y los entrantes? ¿Y los postres? ¿Por qué caro? Es fantástico que nuestra carne sea un referente pero obliguémonos a buscar la excelencia y así evitaremos que todo el peso del éxito de un menú recaiga en un solo plato.
¿Criticas no positivas? Mejor aún: Algo no funciona y nos están ayudando a detectarlo. Vamos a analizar que nos están diciendo y también cómo nos lo están diciendo. Se recomienda estar tranquilos, relativizar, no olvidar que nuestra respuesta es pública, por lo tanto, corrección, buenas maneras y muchísima educación. Tampoco olvidar que ejercemos como portavoces de un negocio y que antes de sentirnos atacados por algo así como “el camarero tardó 20 minutos en traernos las bebidas una vez nos tomó nota” es imprescindible corroborarlo con el personal de sala aludido y si es así, entonar una disculpa creíble, pero sobre todo, aportar soluciones siempre con ánimo de mejora (otra vez, objetivo: La Excelencia).
En ambas situaciones: Algunas cosas comunes que siempre debemos de tener en cuenta son el Responder: El hecho de contestar denota por nuestra parte interés y preocupación, y eso a los clientes gusta. Agradecer: A quien ha escrito y se ha molestado en dedicar parte de su tiempo a hacer un comentario sobre nuestro establecimiento con intención de mejorarlo. Rapidez: Muy importante para demostrar que no pecamos de dejadez y que nos preocupa estar atentos a los comentarios que se efectúan sobre nosotros. Hasta el mes que viene, felices Hogueras de Sant Joan.
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La metástasis de lo gratuito | ElSumiller.com mayo 2015
Es evidente que las RRSS y ‘nuevas tecnologías’ (me pregunto cuándo dejarán de ser catalogadas como ‘nuevas’ y pasaran a ser ‘cotidianas’) han cambiado la forma de comunicarnos, relacionarnos y cómo no, de promocionarnos, haciendo evolucionar a marchas forzadas la forma de promover nuestros establecimientos. No es menos cierto que todo ello contiene un componente de celeridad social en el que no es fácil la adaptación y el sector hostelero no es ajeno y sigue pecando muchas veces (en aspectos como el publicitario también) de cierto inmovilismo. No es dejadez, es estancamiento en viejos modelos y patrones, y uno quizá de los más rancios sea el de: Te invito a comer y tú lo cuentas en internet.
Me encuentro mas a menudo de lo que quisiera con el mismo problema en hostelería: Lo gratuito como modo de reclamo promocional, entendiendo lo promocional como la supuesta labor de difusión, buen nombre, clientes y ‘fama’ que te va a aportar el que invites a comer/cenar a determinada/s persona/s en tu establecimiento, que va a generar de forma automática un incremento en tu popularidad. Una actividad, me duele decirlo, fomentada en la mayoría de las ocasiones por el propio hostelero, anquilosado en prácticas viejunas que lamentablemente terminan derivando en “pan para hoy y hambre para mañana” o quizá mas dolorosamente expresado “El pan de hoy para otro y toda el hambre de mañana para ti”.
Puntualicemos: ¿No puede el hostelero invitar a comer a quien le de la gana? Pues claro, ¡Faltaría mas! pero… ¿Es recomendable que estas invitaciones sean continuadas como parte de una estrategia para hacer visible el establecimiento en internet o la red social de turno?. Pues mi recomendación es que NO y la sustento en varios motivos: El principal es que el buen gastrónomo, foodie o aficionado a comer no necesita que se le invite. Esto es así de real y contundente. De hecho, el que uno pueda pagarse la comida lleva aparejadas cosas tan loables como la libertad de elección y sobre todo, una total independencia para manifestar sus sensaciones y opinión tras el dispendio y, básicamente esto, es lo que mas debería de preocupar al hostelero para mejorar su trabajo: Opiniones veraces y honestas y no el patrocinio de palmadas en la espalda. Otro de los motivos es la extrema volatilidad e impacto que estas invitaciones tienen, dándose la circunstancia de que son numerosas las veces en que los propios comensales ni si quiera se terminan molestando en hacer una mínima referencia.
Por otra parte, lo gratuito conlleva la mayor parte de las veces la infravaloración del trabajo y esfuerzo que hay detrás de lo ofrecido con la mejor voluntad, pero que no va a ser apreciado en su justa medida. ¿Estás seguro que lo que quieres fomentar para tu restaurante es un tipo de perfil de cliente cuya motivación principal es una invitación o descuento? Cuidado que lo gratuito siempre es un cuchillo de doble filo, no te engañes. Tú, como hábil restaurador, seguramente vas a obsequiar al invitado/s con los mejores platos de la carta y además, vas a esmerarte en la atención para que la percepción en la mesa sea excelente. Es un error porque le estás dando un mensaje confuso a tus potenciales clientes y a los actuales también, no te olvides de ellos. Invitar está bien cuando el restaurador acompaña la acción con medidas complementarias o enmarca la invitación dentro de un evento, actividad, en definitiva, le aporta sentido y forma.
Aunque suene duro de leer: Es el hostelero el primero que debe respetar su trabajo y su dedicación ya que otros no lo van a hacer por él. Nadie le regala horas extra de sueño para evitar que vaya a primera hora a la lonja a adquirir producto fresco, ni los proveedores le regalan los pedidos, ni los empleados trabajan gratis ni la Iberdrola de turno le patrocina el consumo eléctrico del horno. No, y se debe de tener presente en su justa medida. #FelicidadesMamás.
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