Archivo del Autor: Oskar García
Restaurante MORA en Guadalest
Publicado por Oskar García
Me da la impresión que la mayoría de veces que pensamos en ‘la montaña de Alicante’ como destino gastronómico de fin de semana, lo hacemos con la idea preconcebida de probar la tradicional y rica gastronomía de nuestras alturas, dígase olleta, gazpachos, carnes a la brasa, embutidos, mintxos, figatells… los cuales son deliciosos y patrimonio de los alicantinos, pero me vais a permitir que os narre como fui sorprendido gratamente por mi esposa cuando me propuso ir al Restaurante Mora de Guadalest donde no encontré nada de lo que os he mencionado, pero sí otro tipo de propuesta también digna de ser relatada tanto por su precio como por su calidad.
El Mora es un restaurante ubicado en el mismo pueblo de Guadalest, un municipio totalmente turístico y esto junto a la idea preconcebida de la comida clásica de la montaña seguramente nos lleve a engaño y no, nada que ver. Es un sitio que tenemos cercano a casa y el pasado noviembre decidimos visitarlo pues teníamos buenas referencias (que luego se materializaron en una impresionante realidad). Este establecimiento dispone de tres zonas claramente diferenciadas: Por un lado, una amplia terraza que está junto al paseo que da acceso al famosísimo Castell de Guadalest, ya en el interior, un coqueto patio de luz cubierto y como estancia oficial, el restaurante propiamente dicho, con una decoración tradicional muy acertada.
Me gustaría destacar la capacidad de atención y servicio de la casa: Espectacular. La amabilidad de Vanesa y Raquel en sala son sublimes y Javi en la cocina hace verdadera magia. Nosotros fuimos a comer con nuestro hijo de dos añitos y desde que entramos por la puerta se deshicieron en detalles con nosotros, como el situarnos al lado de una ventana donde entraba una luz de otoño preciosa, situar al niño en una trona junto a nosotros, facilitarle entretenimientos como colores y plantillas para que pintara, alguna que otra piruleta… en fin, guiños constantes que le hacen a uno sentir muy bien y eso que se acaba de sentar en la silla.
En lo concerniente a lo propiamente gastronómico, a mi me ganaron desde el minuto uno ya que la carta tiene un diseño fascinante, y yo, que soy muy fan de Los Planetas, me recordaba inevitablemente a la portada pop de alguno de sus discos, por lo que ya se estableció una química absoluta. A parte de pedir platos de la carta, la oferta de esta casa es amplia y para todos los bolsillos, pues tienen menús que si no recuerdo mal se sitúan desde los 10€ aprox. hasta el que pedimos nosotros porque tenía una pinta excepcional: Degustación x 22€ (bebida aparte) compuesto de 6 platos (2 compartidos) + postre. El menú llevaba como plato final pescado y pregunté si habría posibilidad de sustituirlo por una carne, y con total amabilidad, no me pusieron ningún problema. Estas propuestas, para mí, ya son de nota si estás hablando de un municipio turístico donde ya sabéis que los precios se suelen disparar en detrimento del turista. Tras preguntar, nos comentan que para el peque pueden hacerle cualquier cosa, pero que tienen unas hamburguesas caseras recién elaboradas con cebollita en el interior que seguro que le gustaban, y eso hicimos, le pedimos una acompañada de patatas. En nuestro caso, para maridar el menú degustación y tras ojear oportunamente la carta, pedimos una botella de Carramimbre Roble, mas que nada porque es un vino que nos encanta y que guarda una relación calidad-precio absolutamente brutal. Este es un ribera del Duero muy sabroso, cargado de frutos rojos y que deja un postgusto exquisito. Sinceramente, en la carta donde coincide que está, lo pido. De todas formas y si este vino no hubiera estado, el Mora guarda un comodín importante en su carta y lo podréis apreciar en una de las fotos: Presenta un mapa de la Comunitat Valenciana donde sitúa los vinos de la tierra que se pueden elegir. Un hecho para aplaudir y que ayuda a promocionar el producto local y mas en un pueblo tan turístico como en el que ellos están. Bravo.
Nuestro festín empezó con la hamburguesa del peque y una ensalada templada con fresas y lascas de parmesano. La burguer del peque (la pude probar porque come lo justo y necesario) estaba extraordinaria. Carne de buena calidad y un sabor buenísimo. En cuanto la ensalada, resultó un plato de un tamaño notable, donde en una selección de lechugas gourmet se acompañaban lascas de queso parmesano que combinaban a su vez con fresas doradas a la sartén con mantequilla y confitura de las mismas fresas. ¡Qué rica! Un contraste dulce-salado que nos encantó.
Seguidamente llegaron a mesa unos chupa-chups de codorniz con salsa casera barbacoa con avellanas. Nuevo plato generoso (la foto tiene zoom y se ven cuatro, pero eran 6 los muslitos) y nuevo éxito en el paladar. Carne que se deslizaba delicadamente del hueso, piel tostada en el punto, bocado crocante con carne jugosa y una salsa que, efectivamente, presumía de poseer las trazas y recuerdos gustativos de la barbacoa y por otro, tenía patente el sabor de la avellana y el tueste del fruto seco. Sublime.
Los platos siguientes que nos fueron sirviendo ya entraban en modo individual y el que apareció en mesa fue un nido de pasta kataifi con crema de setas y huevo poché. Leo mucho últimamente el ‘cansancio’ que a algunos críticos y gourmets profesionales les supone seguir viendo en carta huevos a baja temperatura, pochés, confitados o como los queráis denominar, tratándolos como algo ‘demodé’. Yo, que lo único que soy es un gordo que disfruta comiendo, lo que si les puedo decir es que bajo mi humilde punto de vista, son platos que no deberían desaparecer jamás, que son (literalmente) de ‘toma pan y moja’, tremendamente eficaces y que es un placer indescriptible (como fue el caso de esta propuesta) crear una mezcolanza con las setas, la pasta del nido, romper el huevo y llevárselo todo a la boca: Una golosina para los sentidos. Melosidad, ligereza, livianos crujidos, esponjosidad… todo un mundo de sensaciones cargadas de sabor, poco mas puedo añadir.
Tras el huevo llego un crepe de gambas y bogavante con salsa ligera de tomillo: Riquísimo. Tamaño generoso (nuevamente), una salsa, efectivamente ligera (y no podría ser de otro modo ya que el tomillo se comería los sabores primarios del plato) y un crep de pasta con un grosor no excesivo y acertado y un relleno marino efectista y sabrosón. Muy rico.
A estas alturas comentar que, aunque pareciera que no, uno ya se iba llenando y afrontábamos la recta final del menú con cierto escepticismo, que por cierto, pronto fue diluido entre nuevos manjares, como por ejemplo, el que siguió denominado Ravioli de cordero en su jugo: Memorable. Un plato ejecutado y presentado a la perfección. Temperaturas optimas, la pasta ídem, un relleno ejemplar de cordero al horno deshuesado y desmigado y una salsa nacarada de la reducción de su propio jugo sensacional, una gozada de plato que resumía en su esencia y sabor, todo lo que puede dar de sí una tradicional pieza de cordero al horno.
Tras el ravioli, aparecieron en mesa dos refrescantes y necesarios sorbetes que, la verdad sea dicha, lo primero que me evocaron fue a manzana verde, pero no, error, porque al preguntar, nos comentaron que estaban elaborados con cactus y lima. Que original y que sabor mas delicioso, riquísimo.
Y llegaron los últimos platos del menú degustación en forma de pescado, para mi esposa y de carne, para servidor. Del mar pusieron una merluza con salsa de vainilla y pimienta rosa. Comentar que de este plato solo probé la salsita por aquello de la curiosidad en sus ingredientes. He de decir que estaba muy acertada y que al igual que la de tomillo, tenía un evidente sabor y gusto a vainilla pero que no era excesivo. Mi mujer comentó que el plato estaba exquisito. Por mi parte, fui obsequiado con un tiernísimo solomillo que venía con cristales de maldón y una reducción de salsa española y una tira de salsa agridulce casera. La carne extraordinaria, mantequilla y además comentar que la pedí ‘poco hecha’ y así me la sirvieron, con el punto que yo quería (parece una tontería pero esto de que te acierten el punto es casi una lotería). Buena materia prima otra vez.
Entre las cañitas, el vino, el festival y mi hijo con la lengua azul de una piruleta que le habían regalado estábamos medio desubicados cuando Vanesa nos recordó que faltaba el postre, y que si queríamos, acababan de hacer una tarta de chocolate blanco y que podíamos probarla y así la compartíamos también con la que entraba en el menú. Por mi parte, fue oír la palabra “chocolate blanco” y poner la antena a sintonizar el dial “Esa tarta ya FM”. Dicho y hecho: A la mesa llegó una porción de tarta de queso al horno con mermelada de mango (la del menú): Buenísima y distinta ya que se elabora con calor y no en nevera. Sabor poderoso a queso y la confitura de mango ejerciendo de perfecto escudero. También un cubilete con un poco de helado de violetas, buenísimo y con la capacidad de transportarte a tu infancia, sentado en el rellano de la calle con un paquete de Chimos en la mano, una cucharita con unos originales petazetas rebozados con chocolate (una idea divertidísima) y una porción de la que sin ningún tipo de complejo puedo decir que fue, sin menor lugar a dudas, el mejor postre de chocolate blanco que he probado en mi vida, así de contundente lo afirmo. Os juro por mi madre que cada cucharada de ese manjar equivalía a cerrar los ojos, flotar en una cama de plumón, sentir una cálida brisa en el rostro y dejarse invadir por el dulzor y la cremosidad de esa maravilla, nada empalagosa por cierto. De hecho, era tan poderoso el sabor a chocolate blanco que daba la sensación de que la concentración de tal materia por centímetro cuadrado desafiaba las leyes universales de la química y de la pastelería y que en semejante ambrosía habían empleado todas las reservas de América Central. No puedo describirlo de otra manera: Una auténtica gozada y la base y cúpula de galleta desmigada complementaron a la perfección.
La verdad, después de esto, solo nos cabía una manzanilla, más por prevención digestiva que por hacer sobremesa, pues este menú nos había dejado al borde del K.O. técnico. La nota de esta comida, IVA incluido, fue de 62,50€ como podéis ver en el ticket. Se puede observar que tanto el sorbete como la infusión, fueron detalle de la casa. Si os fijáis también, el precio del vino es sorprendentemente bueno. Así si que se puede salir a comer fuera de casa y como he dicho al principio de este post, creo que la relación de calidad-precio es de las mejores que recuerde. Como pregunta final me hago la reflexión sobre que hubiera costado comer o cenar de esta forma hace unos años cuando todos éramos ‘ricos’ y los restaurantes y clientes jugábamos en ‘otras ligas’.
Página facebook del Restaurante pulsando AQUÍ.
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Restaurante LA FRAGUA en Alarcón (Cuenca)
Publicado por Oskar García
Alarcón (provincia de Cuenca) ha sido para nosotros un gran descubrimiento y revelación. Un entorno medieval bien conservado a menos de 3 horas de Alicante que merece ser visitado una vez en la vida por lo menos y que posibilita también la práctica de actividades alternativas saludables como el senderismo, kayak, paseos a caballo etc… Lo bueno de estas actividades es que dan bastante hambre así que nosotros, cuando llegaron las 14:15h y empezó a apretar el gusanillo, nos dejamos guiar por un parroquiano local y le pedimos consejo para comer algo típico y además sin temor a tener que andar en exceso ya que el pueblo está formado por 4 calles (literalmente) 🙂 .
La pregunta no fue casual ya que días previos, yo había podido ver distintos comentarios de restaurantes en conocidas plataformas web de opiniones y la verdad, muchas de ellas me generaban mucha desconfianza, así que sin proponérnoslo terminamos comiendo en el Restaurante LA FRAGUA de la Pza de Santo Domingo. Es un sitio con un amplio salón central, una barra y muy agradable, con un gran cuadro presidiendo el mismo de La Fragua de Vulcano de Velázquez. Quiero destacar una cosa y es la amabilidad y buen hacer del responsable de sala (imagino que dueño del local). Nada más entrar, terminó de atender a unos clientes y con una sonrisa nos recibió y nos comentó que se le acababa de ir una mesa grande y que si quería la terminaba de desmontar para poder ponernos una de las mesas al lado de la chimenea (que ya apetecía). A eso le llamo yo complicidad, la generó desde el primer segundo, buen profesional. Y como no, mientras esperábamos que nos preparara la mesa, nos puso en la barra una cañita, un vino local (del que luego hablaré) y una cazuelita de patatitas aliñadas que entraron a la misma velocidad que mi hijo se come los gusanitos… ¡que ricas!.
Ya en mesa, nos decantamos por probar el clásico Morteruelo conquense y 2 platos de asado recomendados. También tuvimos dudas de si pedir o no pedir un plato de asadillo de pimiento rojo con ventresca pero en un nuevo detalle y gesto de honestidad por parte del responsable de sala nos dijo: “yo, cuanto más pidáis, mejor para mí, pero sinceramente, con eso y un postre os quedaréis bien”. Y efectivamente, así fue. Además, en otro gesto igual de profesional, nos vendió excelentemente las bondades de su postre mas especial: Una tarta casera de manzana que preparan al instante y que necesita 20 minutos de elaboración. Vistas las buenas maneras y formas de este señor, decidimos darle un nuevo ok y anticipar ese postre así como uno que a mi pareja le pareció muy sugerente: Bombón de higo con natillas caseras. Para maridar todo esto el buen hombre nos preguntó si nos había gustado el vino que nos había puesto en barra, y la verdad, estaba muy bueno, así que nos contó que es un vino que se hace con viñas del término de Alarcón aunque se elabora en una cooperativa cercana, el Viña Hermez. Este es un vino cosechero y dio muy buen resultado en la comida, aunque quizás lo que este fuera de tono sea su precio ya que lo cobran a 12€, un precio excesivo para este tipo de vinos bajo mi punto de vista.
Otro detalle: Cuando nos sirvió el vino este no ‘vino’ solo: Vino con un plato de bacalao con dulce de tomate que quitaba el sentido, el conocimiento y hasta el habla (y lo dice uno que habitualmente no come ni bacalao ni tomate). Tremendo y detalle de la casa para amortiguar la espera. Sensacional. Llegó a la mesa el morteruelo que tenía incrustados trozos de tortas de galianos o gazpachos. Una buena ración, sabrosa, a temperatura y por supuesto, ‘megauntable’ que nos comimos la mar de a gusto.
Los platos principales no tardaron en aparecer. Por un lado el mi trozo de cochinillo asado acompañado de unas patatas lonchadas y por otro, el plato combinado de mi pareja con un trocito mas pequeño de cochinillo también y de cordero. La carne estaba bastante buena y más cuando tienes hambre. La piel crujiente, la textura mantecosa del cochinillo y lo que sí que falló en este plato fue que las patatas estaban prácticamente crudas, una lástima pero tampoco nos importó demasiado.
Para finalizar la comida hizo acto de presencia la afamada tarta de manzana: Fantástica. Llegó a la mesa calentísima y tuvimos que esperar. Este quizá se otro hándicap a añadir a su preparación, y es que aparte de los 20 minutos que necesita, también necesitas unos 10 adicionales para que se atempere pues está mucho mas rica en cuanto se empieza a enfriar un poco. Es tan sencilla que su resultado sorprende: Base de fino hojaldre, crema pastelera, manzana, canela y cúpula de la mermelada que tengas a mano, y ya está, ni mas ni menos, ni menos ni mas, porque como digo, era una delicia comerse esa maravilla y para cuando la acabamos, estábamos hasta arriba con lo que nos vino a la cabeza que aún había pendiente otro postre y al acercarse el responsable de sala a la mesa a preguntarnos qué tal, le comentamos que estábamos hasta arriba y aquí vino otro detallazo mas: “No os preocupéis, no lo había marchado porque me imaginé que con la tarta tendríais suficiente”. Solo puedo decir sensacional atención.
Con 2 infusiones pusimos broche final a esta excelente comida junto a otro simpático detalle adicional: Pedí una manzanilla ‘tocaita’ con anís y al servírmela, el hombre me dejó dos botellas encima de la mesa. Una con un culín de anís y la otra “por si consideras que es poco y te quieres servir lo que quieras, estás en tu casa”.
En fin, es fantástico poder encontrarte en hostelería con gente con este feeling, buen hacer y con esa profesionalidad. El total de la comida fue de 67,00€ que no es que sea un regalo, pero visto lo visto los pagamos bien contentos, y eso creo que es casi lo mas importante.
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Publicado en BEBER Y AMAR, COMER, VISITE NUESTRO BAR
Las Redes Sociales como elementos de atracción de la ira gastronómica | ElSumiller.com Noviembre 2014
Publicado por Oskar García
Me gusta seguir pensando que salir a comer o cenar e incluso almorzar, picar, merendar, etc… más todos los equivalentes que queramos utilizar, son actos de necesidad vital, evidentemente pues debemos alimentarnos para subsistir, pero que también, siguen siendo actividades y momentos de ocio, divertimentos, salidas de esparcimiento, asueto… Y claro, viéndolo así se me hace difícil entender (muy difícil) como alguien puede salir de casa con la voluntad e intención de pasárselo bien y disfrutar de su tiempo libre y amigos, familia, pareja, etc… y también absolutamente predispuesto para focalizar su ira en aquel establecimiento hostelero donde tenga la ‘desgracia’ de recaer.
Y no, no estoy anticipando una posible mala atención recibida o un trato descortés hacia esa persona o personas que habían salido a disfrutar y que de repente, han sido empujados al vacío desde su pedestal de felicidad gastronómica transitoria. No, nada de eso. En absoluto seré yo quien ponga en duda que no se ha recibido la atención y servicios adecuados o esperados en tal o cual establecimiento, pero sí que ejerceré de abogado del diablo para afirmar que en muchísimas ocasiones, salimos de casa predispuestos a un determinado desenlace y con un carácter que desde luego, no hace justicia con la experiencia que vamos a vivir (si, esa de ocio y diversión de la que hablábamos). ¿O es que acaso no os ha pasado más de una vez incorporaros a una comida/cena con la cabeza puesta en otra cosa y con un humor de muy pocos amigos? Seguro que sí, y de aquellos barros estos lodos.
Bien, como digo es algo que a todos nos ha pasado, y lo que en otras circunstancias pasaría por ser un fallo puntual o un error sin importancia, resulta que si un@ no tiene el día, se convierte en pena capital y error imperdonable. Insisto: No los justifico, solo los relativizo. Y lo hago porque aquí entra un tercer elemento en discordia que hace unos años no existía: Las Redes Sociales y su capacidad para atraer las iras primarias y circunstanciales. Lo que antes se limitaba a un tema que se podía tratar entre dos personas (tú y el responsable del establecimiento) ahora se extrapola cual combate de boxeo y primer round en el canal social de turno: “Menudo timo, una vergüenza, no vengáis jamás aquí”+ foto de regalo. Ale, y ya está, y nos quedamos tan panchos y satisfechos. ¡Pero ojo! Con este croché de derecha directo al pómulo, no solo noqueamos al establecimiento hostelero, sino que además, le damos al mundo un importantísimo mensaje: “No filtro, suelto lo primero que me viene a la mollera sin pasar por montaje, así, a la gornú.” Por favor, como decimos en estos lares: “vergonya cavallers, vergonya”.
Para finalizar me pregunto: ¿Cuántas de esas personas que sueltan eso en caliente en un canal social en base a su cabreo y quizás a su pre-estado anímico se han parado a dialogar antes de hacerlo con el responsable del establecimiento o directamente, han hecho uso de su derecho a poner una hoja de reclamaciones por recibir un servicio no acorde a lo esperado? Amig@s, que el 2.0 y lo virtual no os haga olvidar jamás que detrás de todo lo digital, hay también personas que sienten, sufren y padecen, y que sobre todo, merecen nuestro respeto 😉
Post en formato original clickando AQUÍ.
Imagen de www.huffingtonpost.es/
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Publicado en COMER, BEBER Y AMAR, ELSUMILLER.COM
Etiquetas: el sumiller, gastronomía, ira, post, Redes Sociales, social media














